lunes, 8 de diciembre de 2008

Aquí en mis días de soledad

Aquí en mis días de soledad, 
me sorprendo pensando en ti. 
Aquí en mi prisión distanciada, 
me han llegado tus recuerdos.   

Me han llegado aquí en mi montaña, 
tus recuerdos…   

Llegaron sutilmente una  mañana, 
tímidos al principio. 
Sus voces disfrazadas en el viento, 
y su presencia escondida tras las hojas. 
Jugaban a escapar de mi mirada, 
tímidos, diminutos y sutiles…   

Me traían poco a poco tus memorias, 
me trajeron tus ojos, 
reflejados en la noche estrellada. 
Me trajeron tu boca, 
enterrada en la piel del durazno, 
mezclada en su aroma, 
su sabor y su forma.   

Me trajeron poco a poco tus caricias, 
tiernas, 
cariñosas, 
desesperadas.   

Me trajeron tu cuerpo, 
con su figura sensual y seductora. 
Tambaleándose en un baile 
al son y la luz de las llamas.   

Me trajeron tus abrazos, 
aquellos gestos casuales, 
con los que una vez 
lograste cautivarme.   

Me trajeron tu aroma 
desigual al de una flor, 
falto de fragilidad, 
embriagante 
gentil y apetecible.   

Me trajeron también las lágrimas, 
las cargaron hasta aquí a mi montaña, 
y las dejaron caer sobre mi rostro. 
Cayeron por mucho tiempo, 
tus lagrimas… 
tuyas porque a ti te pertenecen, 
pedazos de ti que habitaban mi alma 
y que tus recuerdos se llevaron, 
las llevaron como obsequio al olvido.   

Maldije tu recuerdo ese momento, 
maldije el dolor y la nostalgia, 
y allí en mi montaña, 
solo, encerrado y apartado 
me enamoré una vez más de tu memoria, 
me enamoré como lo hace un niño, 
completa y plenamente. 
Sin miedo ni remordimiento, 
enamorado de una idea,
que jamás y nunca existió.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Quiero que llueva para siempre VI

Quiero que llueva para siempre, 
aunque sea tan solo por un segundo.   

Eso es todo lo que pido, 
un segundo nada más. 
Un segundo de alegría, 
alegría que se desborda, 
humeante y olorosa,
embriagante y seductora.   

Un segundo en el que llueva para siempre, 
tan solo un segundo, 
fabulosa fracción de lo incompleto 
etéreo, eterno, inmortal, 
perpetua fracción de lo inagotable.   

Quiero que llueva para siempre, 
con un diluvio petrificante e ininterrumpido 
que me permita una eternidad 
de este momento inacabable   

Que llueva por tan solo un segundo, 
en el que quepa por entero este momento, 
que llueva para siempre en un segundo, 
por tan solo un segundo de tu mirada,
por tan solo un segundo de tu presencia,
tan solo un segundo perfecto,
tan solo un segundo de vida…

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Miénteme

Miénteme, 
miénteme con descaro, 
muérdeme con tu veneno, 
miénteme con coraje, 
mírame con anhelo.   

Miénteme con ansias, 
miénteme con celos, 
mírame a los ojos, 
enrédame en tu pelo.   

Miénteme a la cara, 
clava en mi tus dedos, 
miénteme con gracia, 
confunde mis deseos.   

Miénteme de cerca, 
haz mi fin certero, 
bésame en la boca, 
y luego vete lejos.