domingo, 25 de enero de 2009

De vez en cuando

(A Theresa, en esperanzas de que 
algún día encuentre lo que busca)

De vez en vez,
de cuando en cuando,
mi mente recuerda que te extraño...

Cada vez que el corazón se acelera,
cada vez que me falta el aliento,
cuando el sol invade por la ventana,
cuando el viento sopla entre las ramas,
cuando corre por mi espalda un escalofrío,
cuando lo dulce aparece entre lo agrio,
cuando el gozo se apodera de mis sentidos...

Cuando bebo, cuando lloro,
cuando canto, cuando río,
cuando pienso, cuando hablo,
cuando me duele, cuando hace frío...

Cada vez que me levanto,
cada vez que oigo un suspiro...

Cada minuto que esté consciente,
cada noche que no esté contigo.
Cada instante mientras esté vivo
dormido y despierto soñaré contigo.

jueves, 8 de enero de 2009

El mundo conspira en tu contra

Hoy en día ya solo te escribo de noche,
te visto de trajes fantásticos,
alucinando tu presencia y tu mirada
imaginándome un recuerdo bonito
en el que pueda fingirte.

Y así apareces ante mí,
hermosa y distanciada,
una visión de blanco
resaltada por la noche vacía,
digna de un espectro,
de mirada profunda,
terrible y fantasmal.

El mundo conspira en tu contra,
decidido a negar tu existencia.
Esconde tus pasos en las olas,
tus pisadas en sus murmullos
tus huellas, en su espuma.

Tu voz se la traga el viento,
aullándole a la luna
sus carcajadas victoriosas.

El mundo conspira en tu contra
te cubre de arena y neblina,
sonrojando mis ojos,
manteniéndote en secreto.

Me dejo llevar por tus labios,
me ofrecen un beso,
pero jamás llego a probarlo,
pues el mundo conspira en tu contra
y el frío ha helado mis sentidos.

Busco tus latidos con manos adormecidas,
pero el mundo conspira en tu contra,
y decide por la fuerza,
deshacer mi lucidez,
destruir mi realidad,
mi perfecta, hermosa e inexistente realidad.

El viento da paso al silencio,
llevando consigo la niebla y el frío.
Se queda la arena
para sostener las olas mudas,
y apareces nuevamente,
de rojo,
más bella que nunca
definiendo belleza con tu propia existencia.

Y entonces te hablo,
pero ya no me escuchas,
te toco, no me sientes
y miro tus ojos,
mi mirada perdiéndose en la tuya…

El mundo conspira en tu contra,
No. En la mía.
Te arrebató poco a poco.
Parte por parte.
Y al borde del delirio,
me presenta tu alma y destruye la mía,
blandiendo tus trajes como un hábil torero.
Clavando en mi espalda la locura,
atravesando mi cuello con ternura.

El mundo conspira en tu contra
engañándome hasta la demencia,
un asesino con estilo,
una muerte perfecta,
casi un suicidio,
me hechizó con tu mirada
y me atravesó con la vida.

Escurriéndola por mi rostro
con una sonrisa macabra.

Susurrándome al oído
que amé una mentira
nacida de tinta y papel.

Que tus besos fueron letras,
y tus caricias oraciones.

Que te he escrito cada noche,
conjurándote ante mí,

atándote a mis deseos,
estrellados como el anís.

Que realmente ame un recuerdo
de algo que nunca existió,
pues el mundo conspira en tu contra,
una bonita idea de lo que un día creí amor.

Tan solo una simple idea
de lo lindo de un adiós.

lunes, 8 de diciembre de 2008

Aquí en mis días de soledad

Aquí en mis días de soledad, 
me sorprendo pensando en ti. 
Aquí en mi prisión distanciada, 
me han llegado tus recuerdos.   

Me han llegado aquí en mi montaña, 
tus recuerdos…   

Llegaron sutilmente una  mañana, 
tímidos al principio. 
Sus voces disfrazadas en el viento, 
y su presencia escondida tras las hojas. 
Jugaban a escapar de mi mirada, 
tímidos, diminutos y sutiles…   

Me traían poco a poco tus memorias, 
me trajeron tus ojos, 
reflejados en la noche estrellada. 
Me trajeron tu boca, 
enterrada en la piel del durazno, 
mezclada en su aroma, 
su sabor y su forma.   

Me trajeron poco a poco tus caricias, 
tiernas, 
cariñosas, 
desesperadas.   

Me trajeron tu cuerpo, 
con su figura sensual y seductora. 
Tambaleándose en un baile 
al son y la luz de las llamas.   

Me trajeron tus abrazos, 
aquellos gestos casuales, 
con los que una vez 
lograste cautivarme.   

Me trajeron tu aroma 
desigual al de una flor, 
falto de fragilidad, 
embriagante 
gentil y apetecible.   

Me trajeron también las lágrimas, 
las cargaron hasta aquí a mi montaña, 
y las dejaron caer sobre mi rostro. 
Cayeron por mucho tiempo, 
tus lagrimas… 
tuyas porque a ti te pertenecen, 
pedazos de ti que habitaban mi alma 
y que tus recuerdos se llevaron, 
las llevaron como obsequio al olvido.   

Maldije tu recuerdo ese momento, 
maldije el dolor y la nostalgia, 
y allí en mi montaña, 
solo, encerrado y apartado 
me enamoré una vez más de tu memoria, 
me enamoré como lo hace un niño, 
completa y plenamente. 
Sin miedo ni remordimiento, 
enamorado de una idea,
que jamás y nunca existió.