jueves, 19 de febrero de 2009

No te daré por imposible

Aún no te daré por imposible,
no permitiré que mueras dormida,
no diré adiós a tu calor,
sin haber antes conocido tu ternura,
no diré adiós a tu sonrisa,
sin antes haber probado tus labios,
no diré adiós a tu abrazo,
sin antes haberte tenido en mis brazos,
no daré por hecho que no pueda
existir en mas de un espacio a la vez,
hasta que el tiempo que dicten tus labios
me lo impidan.

No dejaré un lugar a la duda
y ningún espacio a la posibilidad,
hasta que haya visto
lo largo y el final de cada camino.

Hasta que tus manos estén frías
y tus lagrimas amargas,
hasta que desaparezca de tus ojos
toda sombra de un deseo,
y con voz firme me ordenes que me vaya.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Te voy a pintar de rojo

Te voy a pintar de rojo 
de rojo oscuro 
liquido y satinado.   

Te voy a pintar de rojo 
y te mezclaré con negro,
 negro vacío, 
cruel, e inexistente.   

Te borraré con negro de mi lienzo 
y te secarás en mis espátula, 
descartada en un rincón, 
endurecerás ahí hasta el polvo 
y soplaré con mi pincel mientras ría, 
el negro escurriéndose por mis manos, 
acrílico y permanente.   

Te pintaré de rojo sobre tu naranja
convirtiéndote, transformándote, 
volviéndote fuego… y arderás, 
perdiéndote en el negro 
que salpico sobre ti 
a modo de humo y sombras 
¡arderás! irreconocible pero hermosa, 
hermosa, perfecta y completa.   

Te quemaré con rojo y negro, 
creando calor en color, 
y arderás lentamente, 
el aceite prolongará el sufrimiento 
y serás perfecta en tu fin 
mientras el negro borra tu memoria, 
tu rostro, y tu existencia.  

Quemarás lenta y dolorosa, 
y estallarás en el más bello de los colores, 
pero antes te pintaré de rojo, 
y te cubriré con negro antes de tu fin, 
así morirás perfecta y extraña, 
escondida y solitaria 
en tu momento de gloria, 
así te arrancaré de mi existencia, 
separándonos con rojo y negro, 
pintados al fin sobre el vidrio 
para borrar tu reflejo de una vez.

Tu vestido era naranja

Siempre te recordaré naranja, 
un naranja imposible,
sutil, directo y sensual. 
Siempre te veré naranja, 
suave, dulce… naranja.   

Naranja como tus labios, 
blandos, maduros y tiernos, 
naranja como tus manos húmedas, 
ágiles y atrevidas, 
naranja como tu pelo, 
oscuras lenguas de fuego 
suspendidas en desafío, 
envolviéndote en sus vueltas, 
teñidas de naranja.   

Tu vestido era naranja, 
un naranja perfecto,
sutil, directo y sensual. 
Tu vestido era naranja y ardía al caminar, 
marcando el paso con estallidos, 
los murmullos y miradas, 
al son de su repicar.   

Tu figura entera ardía, 
abrasada en tu vestido 
tan naranja y singular.   

Había fuego en tus mejillas, 
en tus pasos y en tu andar, 
había fuego destructivo, 
seductivo y animal, 
tras tu falda una estela, 
un encanto adicional, 
tú aroma tan extraño 
anaranjado, sin igual…    

Siempre te recordaré naranja,  
en complicada simplicidad, 
sumergida en tu encanto, 
ardiendo y fugaz. 
El relámpago de un deseo, 
de el fuego de un quizás.   

Siempre estarás así en mis recuerdos, 
naranja, 
ardiente, 
quemando, 
consumiendo, 
¡no más!