Aún no te daré por imposible,
no permitiré que mueras dormida,
no diré adiós a tu calor,
sin haber antes conocido tu ternura,
no diré adiós a tu sonrisa,
sin antes haber probado tus labios,
no diré adiós a tu abrazo,
sin antes haberte tenido en mis brazos,
no daré por hecho que no pueda
existir en mas de un espacio a la vez,
hasta que el tiempo que dicten tus labios
me lo impidan.
No dejaré un lugar a la duda
y ningún espacio a la posibilidad,
hasta que haya visto
lo largo y el final de cada camino.
Hasta que tus manos estén frías
y tus lagrimas amargas,
hasta que desaparezca de tus ojos
toda sombra de un deseo,
y con voz firme me ordenes que me vaya.
Si esta es tu primera visita favor de leer la entrada 'Acerca de este Blog' (puesta el 26 de marzo de 2008)
jueves, 19 de febrero de 2009
miércoles, 11 de febrero de 2009
Te voy a pintar de rojo
Te voy a pintar de rojo
de rojo oscuro
liquido y satinado.
Te voy a pintar de rojo
y te mezclaré con negro,
negro vacío,
cruel, e inexistente.
Te borraré con negro de mi lienzo
y te secarás en mis espátula,
descartada en un rincón,
endurecerás ahí hasta el polvo
y soplaré con mi pincel mientras ría,
el negro escurriéndose por mis manos,
acrílico y permanente.
Te pintaré de rojo sobre tu naranja
convirtiéndote, transformándote,
volviéndote fuego… y arderás,
perdiéndote en el negro
que salpico sobre ti
a modo de humo y sombras
¡arderás! irreconocible pero hermosa,
hermosa, perfecta y completa.
Te quemaré con rojo y negro,
creando calor en color,
y arderás lentamente,
el aceite prolongará el sufrimiento
y serás perfecta en tu fin
mientras el negro borra tu memoria,
tu rostro, y tu existencia.
Quemarás lenta y dolorosa,
y estallarás en el más bello de los colores,
pero antes te pintaré de rojo,
y te cubriré con negro antes de tu fin,
así morirás perfecta y extraña,
escondida y solitaria
en tu momento de gloria,
así te arrancaré de mi existencia,
separándonos con rojo y negro,
pintados al fin sobre el vidrio
para borrar tu reflejo de una vez.
Tu vestido era naranja
Siempre te recordaré naranja,
un naranja imposible,
sutil, directo y sensual.
Siempre te veré naranja,
suave, dulce… naranja.
Naranja como tus labios,
blandos, maduros y tiernos,
naranja como tus manos húmedas,
ágiles y atrevidas,
naranja como tu pelo,
oscuras lenguas de fuego
suspendidas en desafío,
envolviéndote en sus vueltas,
teñidas de naranja.
Tu vestido era naranja,
un naranja perfecto,
sutil, directo y sensual.
Tu vestido era naranja y ardía al caminar,
marcando el paso con estallidos,
los murmullos y miradas,
al son de su repicar.
Tu figura entera ardía,
abrasada en tu vestido
tan naranja y singular.
Había fuego en tus mejillas,
en tus pasos y en tu andar,
había fuego destructivo,
seductivo y animal,
tras tu falda una estela,
un encanto adicional,
tú aroma tan extraño
anaranjado, sin igual…
Siempre te recordaré naranja,
en complicada simplicidad,
sumergida en tu encanto,
ardiendo y fugaz.
El relámpago de un deseo,
de el fuego de un quizás.
Siempre estarás así en mis recuerdos,
naranja,
ardiente,
quemando,
consumiendo,
¡no más!
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